jueves, 6 de mayo de 2010

THE LAWLESS FRONTIER (1934)



Mucho ha cambiado la percepción del cine, tanto para la industria como para los espectadores, a lo largo de su historia. A cualquier aficionado actual sin la suficiente perspectiva puede tomarse a la ligera despectivamente el que se le diga que en las décadas de los 30 y 40 se hacían películas cuya única función era ser el complemento de otras de mayor enjundia, contentar a la chiquillería y completar las sesiones dobles o triples de sábado por la tarde. No son películas hechas para tomarlas totalmente en serio y muy seguramente haya que analizarlas en ese sentido.

The Lawless Frontier es una de las 16 películas que un jovenzuelo John Wayne, relegado a la serie b tras el fracaso económico de La gran jornada (The Big Trail, 1930), realizó para el productor Paul Malvern y distribuidas por la Monogram bajo el sello Lone Star, habitualmente dirigidas por Robert N. Bradbury con guión propio o de Lindsley Parsons y el concurso de dos personalidades de lustre, el gran George “Gabby” Hayes, como adlátere maduro de Wayne o padre/abuelo de la chica y el no menos mítico stuntman Yakima Canutt a cargo de la acción y de varios secuaces del villano. Los presupuestos muy puntualmente superaban los 10.000 dólares, una cifra totalmente irrisoria comparada con cualquier blockbuster actual.

Como en la mayoría de los films de la serie, el argumento es prototípico: el héroe busca al hombre culpable de la muerte de algún familiar en tal de saldar cuentas, encuentra a alguna granja cuya familia está siendo acosada por la banda de felones de turno, cuyo jefe es por lo general el hombre al que busca nuestro héroe. A partir de aquí es donde cabe apuntar las singularidades de cada producción por separado.

En el caso de The Lawless Frontier, hay que destacar la escena inicial ya que está particularmente lograda en comparación con el resto del film: a través de una ventana vemos, de noche, a un hombre mirar hacia el interior en plano medio, a continuación se corta a un plano que muestra el interior de la vivienda con un matrimonio y vuelve a cortar al hombre de la ventana que dispara a través de los cristales y huye. Acto seguido, llega el héroe Wayne al escuchar los tiros y queda enmarcado por la puerta en penumbra, completamente a contraluz, y enciende una cerilla que permite vislumbrar en su rostro el hallazgo. Mientras agacha la cabeza apenado el fósforo se apaga solo, para el que esto escribe, una idea totalmente imaginativa para un producto de este tipo.

También destacan el malo de la función, Pandro Zanti, uno de los más pintorescos del ciclo, un mestizo vestido de mexicano que parece una especie de Cisco Kid villanesco, interpretado por Earl Dwire, otro de los secundarios habituales de la serie en su cometido más relevante; así como unas localizaciones mejor seleccionadas de lo habitual, correctamente fotografiadas por Archie Scout, futuro cámara de John Ford.

Pero si hay algo que realmente es de elogiar son las escenas de acción, las largas cabalgadas que pueblan todo el metraje, totalmente físicas y sin doblez que no sea la pura realidad: cuando un caballo cae, el jinete (Canutt y en ocasiones el propio Wayne) se la pega de verdad y salía contusionado y sucio de morder el suelo, aun sabiendo que contaban con elementos de seguridad y sistemas de cables para dañarse lo mínimo tanto ellos como los animales, algo que habría que alabar, especialmente en estos tiempos donde lo que prima son estruendosas, mástodónticas y raramente complacientes pirotecnias generadas por ordenador.


FICHA TÉCNICA

Director: Robert N. Bradbury.
Producción: Paul Malvern, para Lone Star/Monogram.
Guión: Robert N. Bradbury.
Fotografía: Archie Stout.                     
Música: Sam Perry.
Montaje: Charles R. Hunt.
Sonido: Ralph Shugart.
Intérpretes: John Wayne (John Tobin), Sheila Terry (Ruby), George “Gabby” Hayes (Dusty), Earl Dwire (Pandro Zanti), Jack Rockwell (Sheriff Luke Williams), Yakima Canutt (Joe), Jay Wilsey (Secuaz), Gordon De Main (Delegado Miller), Lloyd Whitlock…
Nacionalidad y año: Estados Unidos, 1934.
Duración y datos técnicos: 52 minutos. 1.37:1. Blanco y negro.

1 comentario:

  1. Algo breve reseña, peor muy interesante.

    La verdad es que las pelis de Bradbury eran de las más flojas de estos ciclos que hizo Wayne en la época, aunque estoy de acuerdo con la fuerza visual de ese inicio que narras.

    Busca otras pelis de la época de otros directores, y coméntalas aquí, plis.

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