martes 17 de noviembre de 2009

PIRATAS DE MONTERREY (PIRATES OF MONTEREY, 1947)


Alfred L. Werker (1896-1975) fue un efectivo realizador de serie B de los muchos que existieron en Hollywood durante su edad dorada, uno de tantos hoy día por completo olvidados o ignorados, pero que en diversas ocasiones dio muestras de un saber hacer digno de ser resaltado. Se había iniciado como ayudante de dirección en 1917, labor en la cual trabajó en nueve películas –como la famosa Pollyanna (1920), de Paul Powell, con Mary Pickford en el papel principal- hasta saltar a la dirección con el western Ridin’ the Wind (1925), co-dirigido con Del Andrews. Así, durante su carrera realizaría cerca de una cincuentena de títulos, entre los que cabe resaltar principalmente Sherlock Holmes contra Moriarty (The Adventures of Sherlock Holmes, 1939), segunda y sólida aportación al ciclo que protagonizó Basil Rathbone, El susto (Shock, 1946), una cinta de suspense con ribetes terroríficos protagonizada por Vincent Price, Orden: caza sin cuartel (He Walked by Night, 1948), una magistral y atmosférica muestra de cine negro, premiada en el Festival de Locarno, y cuyos méritos suelen ser adjudicados a Anthony Mann, que dirigió algunas escenas sin acreditar, o una serie de pequeños pero vibrantes westerns al final de su carrera (género en el cual ya había incidido en bastantes ocasiones) como The Last Posse (1953), Noche salvaje (Devil's Canyon, 1953), Tres horas para vivir (Three Hours to Kill, 1954), Canyon Crossroads (1955), Así mueren los valientes (At Gunpoint, 1955) y, sobre todo, la última del ciclo, la magnífica Rebeldes en la ciudad (Rebel in Town, 1956). Su postrero film, tras este, fue el drama social The Young Don't Cry (1957).

En 1947, tras el noir Repeat Performance (1947), Werker dirigió una pequeña rareza, Piratas de Monterrey (Pirates of Monterey), un western de capa y espada, al estilo de las aventuras del Zorro o el Coyote, protagonizado por la exótica María Móntez al lado del westerner Rod Cameron –intérprete éste de otra muestra de western atípico, Salomé la embrujadora (Salome Where She Danced, 1945), de Charles Barton, al lado de Yvonne de Carlo-. Y de nuevo Werker da muestras de su buen oficio, rodando una película dinámica de apenas hora y cuarto de metraje, donde se dan cita amor, humor, aventuras, traiciones, disparos, duelos a espada... Una cinta típica de complemento en los cines de doble sesión, o las que muchos disfrutábamos de niños en televisión los sábados por la tarde, bien hecha, con actores carismáticos, un apabullante technicolor (para el cual se requirió nada menos que tres directores de fotografía), y sin otra pretensión que entretener y divertir.

El que una película donde los malos son los españoles, o los simpatizantes de estos, pudiera estrenarse en nuestro país en su época proviene del hecho de que en momento alguno se menciona este hecho, aludiéndose a los rebeldes únicamente como monárquicos, o realistas. Destaca en particular el excelente duelo a espada entre el estupendo Gilbert Roland (repitiendo su sempiterno papel de pérfido traidor) y Rod Cameron, quien efectúa personalmente la escena sin necesidad de un doble. La dominicana de ascendencia española María Móntez está bella y enigmática, como la función lo requiere, y tenemos como contrapunto cómico al amigo y compañero de capitán Phillip Kent, el mexicano sargento Pío, interpretado por el actor ruso Mikhail Rasumny, divertido unas veces, irritante otras muchas.
Carlos Díaz Maroto

FICHA TÉCNICA

Dirección: Alfred Werker.
Productor: Paul Malvern para Universal International Pictures.
Guión: Sam Hellman, Margaret Buell Wilder, según argumento de Edward T. Lowe Jr., Bradford Ropes.
Fotografía: W. Howard Greene, Harry Hallenberger, Hal Mohr.
Música: Milton Rosen. Montaje: Russell F. Schoengarth.
Dirección artística: Jack Otterson, Richard H. Riedel.
Intérpretes: Maria Montez (Marguerita Novarro), Rod Cameron (capitán Phillip Kent), Mikhail Rasumny (sargento Pío), Phillip Reed (teniente Carlo Ortega), Gilbert Roland (comandante de Roja), Gale Sondergaard (señorita de Sola), Tamara Shayne (Filomena), Robert Warwick, Michael Raffetto, Neyle Morrow, Victor Varconi, Charles Wagenheim, Chris-Pin Martin, Joseph E. Bernard, Lucio Villegas...
Nacionalidad y año: Estados Unidos 1947.
Duración y datos técnicos: 74 min. color 1.37:1.

sábado 7 de noviembre de 2009

THUNDER OVER THE PLAINS (1953)



En buena parte de las antologías dedicadas al western el nombre de André de Toth brilla por su ausencia o bien es relegado a un papel bastante secundario, cuando a poco que se indaga en su aportación al western se puede intuir muy fácilmente el que sea uno de los realizadores más personales de la prolífica serie b de los años 50, con títulos de la talla de La mujer de fuego (Ramrod, 1947), Last of the Comanches (1952), El honor del capitán Lex (Springfield Rifle, 1953), su obra maestra Day of the Outlaw (1959) o varias de las películas del ciclo protagonizado por Randolph Scott.


Thunder over the Plains es la penúltima cinta de este estimulante ciclo y tras su aparente sencillez se nos muestra una aguda disertación sobre el militarismo y los abusos de poder por advenedizos especuladores tras la Guerra de Secesión. Además, el protagonista que encarna Randolph Scott con su habitual sobriedad ya no es el típico héroe imperturbable y de una pieza, sino que además de tener que bregar entre nobles y honstos bandidos, ambiciosos especuladores, una población escaldada por los excesos de estos últimos y, dentro de su propio estamento, militares conformistas o arribistas, habrá de enfrentarse también a sus propios, y casi con la misma dificultad, problemas conyugales.


De Toth va deconstruyendo así muchas convenciones con un estilo que roza el cine negro, moldeando espacios donde predominan oscuras sombras que contrastan con la luminosidad de los exteriores filmados en Warnercolor por Bert Glennon. Algunos notables ejemplos de esta notable explotación y exploración del espacio se dan en las secuencias del asalto al refugio de los fugitivos liderados por Charles McGraw, la posterior huida y persecución de este por parte del protagonista en un opresor y laberíntico bosque, o el intenso clímax final, donde la alternancia entre exteriores e interiores es simplemente deslumbrante.


Entre otros recursos visuales, De Toth también se vale principalmente del contundente uso de primeros planos que rayan el expresionismo y que permiten escrutar claramente los sentimientos de los personajes, al tiempo que mediante un acertado uso de la profundidad de campo, mantiene en segundo término a otros personajes que refuerzan la precisión del encuadre.


Para terminar con esta pequeña joya del mejor western de serie b de los 50, y centrándonos en la labor conjunta del reparto, cabe resaltar la encomiable labor de los ya mencionados Randolph Scott y Charles McGraw, el primero a punto de llegar al punto álgido de su carrera con su colaboración con Budd Boetticher; el segundo uno de los secundarios más sólidos de la época y capaz de adueñarse por completo de escenas compartidas con estrellas de gran calibre. Ambos están apoyados por una corte de sólidos actores conocidos por el aficionado al género como Henry Hull, Elisha Cook Jr., Fess Parker o la habitual del cine de De Toth Phyllis Taxter. Por el contrario, el futuro Tarzán Lex Barker, ofrece una insípida interpretación en el, paradójicamente, papel más atractivo de la cinta: un oficial del ejército bastante ambivalente.


FICHA TÉCNICA


Director: André de Toth.

Producción: David Weisbart para Warner Brothers.

Guión: Russell S. Hughes.

Fotografía: Bert Glennon, en Warnercolor.

Música: David Buttolph.

Sonido: Lincoln Lyons.

Montaje: James Moore.

Intérpretes: Randolph Scott (Capitán David Porter), Lex Barker (Teniente Bill Hodges), Phyllis Kirk (Nora Porter), Charles McGraw (Bem Wetman), Henry Hull (Coronel Chandler), Elisha Cook Jr. (Joseph Standish), Hugh Sanders (Balfour), Richard Benjamin (Sargento Shaw), Lane Chandler (Mike Faraday), James Brown (Conrad), Fess Parker (Kirby), Mark Dana, Boyd Morgan…

Nacionalidad y año: Estados Unidos. 1953.

Duración y datos técnicos: 82 minutos. 1.37:1. Warnercolor.

miércoles 28 de octubre de 2009

LOS CUATRO IMPLACABLES (I QUATTRO INESORABILI, 1966)

Animados por el éxito alcanzado por Clint Eastwood tras su encuentro con Sergio Leone, docenas de actores norteamericanos de segunda fila cruzaron el charco con el objeto de labrarse un nombre en la profesión, aprovechando el auge que estaba experimentando el entonces floreciente spaghetti-western. No obstante, es de recalcar que esta práctica no era nueva para el cine italiano, que ya con anterioridad había venido echando mano de actores y técnicos estadounidenses para protagonizar y dar más lustre a sus producciones, incluidas las encuadradas dentro del cine de autor, véase Fellini.

Siguiendo estos pasos, Adam West probaría fortuna en 1966 en la coproducción hispano-italiana Los cuatro implacables. Para entonces, West ya tenía una larga carrera a sus espaldas, la mayoría de ella, al igual que ocurría con Eastwood, desarrollada en la pequeña pantalla. Precisamente, aquel mismo año alcanzaría la popularidad con su encarnación televisiva del personaje originario del mundo del cómic Batman en la serie homónima, papel este que marcaría el resto de su trayectoria, llegándolo a interpretar en innumerables ocasiones ya fuera en imagen real como en dibujos animados, tanto para el medio catódico como para el cine.
Dirigida por el artesano trasalpino Primo Zeglio, Los cuatro implacables es una curiosa mixtura en la que confluyen pasado y presente del western mediterráneo. Estéticamente, y al igual que la totalidad de títulos europeos pre-Leone, su diseño de producción se mira en los patrones americanos, mientras que narrativamente su argumento es muy similar al de un bolsilibro de a duro tan popular en la época, con una intriga donde su protagonista tratará de desenmascarar a los verdaderos responsables de un crimen por el que él ha sido acusado, rasgo que le emparienta en cierto modo a toda esa caterva de adaptaciones que de autores populares como José Mallorquí o Lou Carrigan [Antonio Vera Ramírez] afrontara el género en su vertiente hispana durante sus primeros años de vida.

En cuanto a lo que respecta a las nuevas corrientes impulsadas por Leone, éstas se concentran en torno a unos cuantos ingredientes sacados directamente de La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965), segunda entrega de su Trilogía del Dólar. Así, tenemos el protagonismo del grupo de cazarrecompensas – los cuatro implacables del título -, con sus persecuciones y traiciones, encabezados por el siempre carismático Robert Hundar, a quien acompañan varios característicos del género como Raf Baldasarre y José Jaspe, los cuales, al contrario a como el cine estadounidense había presentado de manera tradicional a este tipo de personajes, algo así como un brazo ejecutor de la ley, son mostrados como una banda de bandidos sin escrúpulos que, en lugar de robar bancos o diligencias, se dedican, como su propio nombre indica, a cobrar piezas humanas buscadas por la justicia sin el menor miramiento o conflicto ético –por aquellas mismas fechas esta visión también sería tratada por la industria norteamericana en la muy interesante Quinientos dólares vivo o muerto (The Bounty Killer, 1965), de Spencer G. Bennet-.

Del mismo modo, también podemos rastrear la influencia de las nuevas constantes del género en la exacerbada violencia de detalles como la manera de llevar prisionero al personaje de West al pueblo, atado de cada mano a un caballo, o en la forma de morir de Hundar, siendo arrastrado por su montura, así como por la total ausencia de un arco argumental dedicado a la típica historia de amor hasta entonces tan habitual en los títulos pioneros, si bien se llega a percibir que el personaje de Dina Loy siente cierta atracción por el protagonista.

Por lo demás, la película es un título menor de escasas pretensiones cumplidas con gran eficacia, siendo ejecutado de forma correcta por todos los diferentes apartados implicados. De entre ellos, es de destacar la pomposa música de Marcello Giombini [y Franco Pisano sin acreditar], aspecto este en el que la única nota disonante se halla en su tema principal, una melodía cantada en inglés que no es sino otro residuo más del hasta entonces patrón imperante en este tipo de cintas.
José Luis Salvador Estébenez para La Abadía de Berzano.
FICHA TÉCNICA

Director:
Primo Zeglio.
Producción: Adriano Merkel.
Guión: Primo Zeglio, Manuel Marcello De Caso, Federico De Urrutia, Marcello Fondato, Manuel Sebares.
Fotografía: Miguel Fernández Mila.
Música: Marcello Giombini, Franco Pisano.
Intérpretes: Adam West (Sam Garrett), Robert Hundar [Carlo Undari] (Alan), Dina Loy (Lucy), Luis Induni (Sheriff), José Jaspe (Baxter), Howard Ross [Renato Rosini] (Troy), John Bartha (John), Paola Barbara (Elisa Anders), Raf Baldassarre (Moss), Jaime Blanch, Cris Huerta (Comisario), Roberto Camardiel (Jeffrey Anders), Francisco Sanz (Médico), Fernando Bilbao, José Canalejas (Rex Calhoun), Robert Johnson Jr (Bob), Elisa Mainardi (Nancy), Lorenzo Robledo (Ayudante sheriff), Yelena Samarina, Giovanni Petti (Juez), Rosario Pérez, Gonzalo Esquiros, Miguel Pedregosa…
Nacionalidad y año: Italia, España. 1966.
Duración y datos técnicos: 91 min. 2.35:1. Eastmancolor

martes 13 de octubre de 2009

UNIÓN PACÍFICO (UNION PACIFIC, 1939)


Por criterio común, 1939 es designado como un año cumbre de la cinematografía por la cantidad de grandes películas que vieron la luz este año. También para el western fue un año de inflexión, principalmente por la irrupción en los cines de la obra maestra de John Ford La diligencia (Stagecoah, 1939), pero también por concentrar una serie de títulos que van de vibrantes películas encuadradas en la denominada serie b (Frontier Marshal, de Allan Dwan; Allegheny Uprising, de William A. Seiter) a grandes producciones como Arizona (Destry Rides Again, 1939) de George Marshall, Tierra de audaces (Jesse James, 1939) de Henry King o Unión Pacífico, de Cecil B. DeMille.

Fiel a su estilo de hacer cine espectáculo, DeMille recoge en esta ocasión, dentro de su ciclo de grandes aventuras sobre la creación de Estados Unidos, el tendido de la línea del ferrocarril transcontinental por la compañía Union Pacific, como ya hubiera hecho tres lustros antes el propio Ford con El caballo de hierro (The Iron Horse, 1924), y quizá nos encontremos con una de las películas sonoras de DeMille que mejor aúne el tono épico con el íntimo, el desarrollo de personajes con la línea dramática.


Respaldado por un guión de hierro, DeMille nos brinda una película de ritmo trepidante, fisicidad en la acción, tensión, emoción y humor en su desarrollo, todo ello sin obviar una realización precisa, atenta al detalle y con una puesta en escena en la que, a diferencia de lo habitual en el director, no se recarga en demasía el encuadre, sin por ello dejar este de ser preciso y permitiendo que la cámara capte de forma natural todo aquello que surge ante ella.


DeMille incluso hace honor a su máxima sobre el espectáculo en la secuencia del asalto de los indios al tren, iniciándose con un soberbio descarrilamiento de este para dar pie a un largo y sostenido clímax muy conseguido, en el cual también dará cabida a algunas de sus constantes como autor, con grandes multitudes en actitud efervescente y casi lujuriosa, con los indios expoliando el tren.


Por último, DeMille también se ve beneficiado por el concurso de un grupo de actores muy homogéneo en líneas generales entre los que se debiera destacar por encima del resto a Robert Preston y Akim Tamiroff, ambos sencillamente excelentes. McCrea y Stanwyck componen con solvencia a la pareja protagonista, así como el habitual villano Brian Donlevy.


DeMille, cineasta actualmente no demasiado valorado, ofreció con Unión Pacífico un producto mainstream modélico, un mecanismo de relojería con gran parte de sus virtudes y pocos de los defectos que se le achacan. La Palma de Oro que ganó en el festival de Cannes así lo corrobora.



FICHA TÉCNICA

Director: Cecil B. DeMille.

Producción: Cecil B. DeMille, para Paramount.

Guión: Walter DeLeon, C. Gardner Sullivan y Jesse Lasky Jr.; según una historia de Ernest Haycox.

Fotografía: Victor Milner.

Música: Sigmond Krumgold, John Leipold.

Montaje: Anne Bauchens.

Intérpretes: Barbara Stanwyck (Mollie Monahan), Joel McCrea (Capitán Jeff Butler), Robert Preston (Dick Allen), Brian Donlevy (Sid Campeau), Akim Tamiroff (Fiesta), Lynne Overman (Leach Overmile), Robert Barrat (Duke King), Anthony Quinn (Jack Cordray), Stanley Ridges (General Casement), Henry Kolker (Asa M. Barrows), Francias McDonald, Regis Toomey, J.M. Kerrigan, Harry Woods, Lon Chaney Jr, Fuzzy Knight, Ward Bond, Monte Blue, Lane Chandler, Iron Eyes Cody, Will Geer, Jack Pennick, Joe Sawyer….

lunes 28 de septiembre de 2009

INCIDENT AT PHANTOM HILL (1966)


Sin demasiado esfuerzo, una película como Incident at Phantom Hill es fácilmente inscribible en ese amplio grupo de westerns de acción (también extensible a otros géneros) surgidos durante los años 60 que se centraban en un reducido grupo de aventureros reunidos con el objetivo emprender una misión casi suicida, modalidad que dio algunos frutos magníficos –Los comancheros (The Comancheros, 1961) de Michael Curtiz- cuando no soberbios, caso de Río Conchos (Rio Conchos, 1964) de Gordon Douglas o Los profesionales (The Proffesionals, 1966) de Robert Aldrich, por poner algún ejemplo.

En el caso concreto del film que comentamos, y partiendo del hecho de que en su punto de partida es mucho más modesto que los ejemplos anteriormente mencionados, nos encontramos con una película eficaz como producto de consumo, que da lo que se le pide para un correcto disfrute aun con el hecho de que contiene varios puntos grises que le inhabilitan el ascenso a ese peldaño de las buenas películas.

Empezando por los puntos grises, debiéramos citar especialmente la presencia de un personaje femenino que poco aporta a la trama salvo el hecho del atractivo físico de la actriz que lo interpreta, la poco conocida Jocelyn Lane que nada hace por explotar sus encantos. El otro factor importante es un guión no del todo pulido –y pensar que detrás está Frank S. Nugent, habitual del cine de Ford- que contiene bastantes esquematismos, varias situaciones con resoluciones poco trabajadas, además de algunos personajes poco delineados, que si se salvan de la quema es por la solvencia de sus intérpretes.

Este es el caso de los personajes de Noah Beery Jr. y Claude Akins, un soldado borrachín el primero y otro soldado vengativo el segundo, papeles casi anodinos que en manos de gente menos veterana no tendrían el más mínimo relieve. En cuanto al resto de miembros del reparto, sólo faltaría por recordar a Robert Fuller, estrella televisiva que cumple el expediente del protagonista y a un excelente Dan Duryea, como es habitual, dando vida a uno de esos villanos simpáticos que tan bien se le daban; y sin olvidar el breve papel de Denver Pyle, impagable como jefe de los bandidos.

Por último, nos queda por hablar de la labor del director, Earl Bellamy, veterano realizador curtido en televisión que sin alardes y sin caer en excesivos recursos de su medio habitual logra imprimir un buen ritmo a la cinta llegando a evitar el aburrimiento y que resuelve especialmente bien las escenas de acción, entre las que cabría destacar varios ataques indios así como el asalto inicial que dará lugar al resto del entramado sobre el que está sustentada la película.


FICHA TÉCNICA

Director: Earl Bellamy.

Producción: Harry Tatelman para Universal.

Guión: Frank S. Nugent y Ken Pettus, según historia de Harry Tatelman.

Fotografía: William Margulies.

Música: Hans J. Salter.

Sonido: Waldon O. Watson, Lyle Cain.

Montaje: Gene Milford.

Intérpretes: Robert Fuller (Matt Martin), Dan Duryea (Joe Barlow), Jocelyn Lane (Memphis), Tom Simcox (Adam Long), Linden Chiles (Dr. Hanneford), Claude Akins (Krausman), Noah Beery Jr. (O´Rourke), Paul Fix (General Hood), Denver Pyle (Jefe de los bandidos), William Phipps (Dependiente), Don Collier (Sheriff Drum), Mickey Finn (Bandido), Bing Russell…

Nacionalidad y año: Estados Unidos. 1966.

Duración y datos técnicos: 84 minutos. 2.35:1. Techniscope. Technicolor.

viernes 18 de septiembre de 2009

CAZA IMPLACABLE (THE HUNTING PARTY, 1971)


A primera vista podría calificarse a Caza implacable como uno de aquellos westerns que trataron de amoldarse al fenómeno instaurado por el spaghetti western, valiéndose de un uso casi gratuito de la violencia y una estética abiertamente feísta sobre unas tramas que hacían más hincapié en fomentar las escenas de acción que en desarrollar una trama que no sea una mera sucesión de tiroteos o cabalgadas o unos personajes que no sean más allá que el prototipo de gunman lacónico que habla más con su arma que con su lengua.

A este respecto, la película de Don Medford escapa a muchas de estas características por mucho que se rodara en tierras españolas con un equipo local (fotografía del maestro Paniagua), música del italiano Ortolani y capital británico, amén de usar algunos recursos visuales -eso sí, contados- recurrentes en el subgénero mediterráneo. En contraste, el tono adoptado por Medford y su uso de la violencia están más cercanos, salvando las distancias, al cine de Peckinpah que al de Leone o Corbucci.

El film s erige, como bien indica el título español, sobre la caza sin cuartel que un potentado inicia contra la banda que secuestró a su esposa, que fue secuestrada porque su líder deseaba que le enseñara a leer y que culminará en una romance entre los dos personajes que les llevará a la perdición ante la partida organizada por el “despechado” marido.

Sin duda, el eje más interesante del film es el de la partida de caza, ya que permite subrayar la doble moral de sus integrantes, un grupo de ricos hombres de negocios que justifican sus reuniones como salidas de caza para poder montar orgías con prostitutas, y que se reconducen hacia la caza humana, por instigación de su despótico líder, valiéndose de carabinas de precisión y no por el hecho de rescatar a la mujer, pues para aquél es más una posesión que una esposa; sino en un acto totalmente lucrativo, llegando al extremo de reunir los cadáveres de los hombres cazados personaje como si fuesen un tapete de trofeos y a uno de los hombres agonizantes llegar a rematarlo a cuchillo ante la incomprensión y consternación de sus compañeros de caza, que no obstante continúan con la caza.

De este modo, los personajes antagonistas van sufriendo un camino inverso: el forajido que encarna Oliver Reed irá humanizándose por medio del amor y llegará a renunciar a las armas tras tener que ayudar a morir a su mejor amigo, mientras que el autoritario personaje de Gene Hackman irá envileciéndose y hundiéndose en una espiral de sangre cada vez menos justificable. El trabajo de ambos actores resulta plenamente convincente, respaldados por varios sólidos secundarios, como Simon Oakland, Mitch Ryan o L.Q. Jones en una película estimable y ciertamente algo subvalorada.

FICHA TÉCNICA

Director: Don Medford.

Producción: Lou Morheim, Jules Levy, Arthur Gardner; para United Artists.

Guión: William Norton, Gilbert Alexander y Lou Morheim, según historia de Aexander y Morheim.

Fotografía: Cecilio Paniagua.

Música: Riz Ortolani.

Sonido: Les Hammond.

Montaje: Tom Rolf.

Intérpretes: Oliver Reed (Frank Calder), Candice Bergen (Melissa Ruger), Gene Hackman (Brandt Ruger), Simon Oakland (Matthew Gunn), Mitchell Ryan (Doc Harrison), L.Q. Jones (Hog Warren), William Watson (Jim Loring), G.D. Spradlin (Sam Bayard), Rayford Barnes (Crimp), Ronald Howard (Watt Nelson), Bernard Kay (Buford Kay), Richard Adams (Owney Clark)…

Nacionalidad y año: Gran Bretaña. 1971.

Duración y datos técnicos: 103 minutos. 1.85:1. Color DeLuxe.

domingo 13 de septiembre de 2009

Volvemos de vacaciones


Tras este larguísimo lapsus vacacional, puedo anunciaros que a partir de esta semana próxima se reanudará la actividad del blog con nuevas reseñas y noticias de nuestros temas habituales.

Siento mucho este largo parón, pero entre las vacaciones, la dejadez y los quehaceres de estas últimas semanas estivales poco tiempo he tenido de pensar en el blog, y ruego que aceptéis mis más sinceras disculpas.